MEDITACION I. Por: Robert Gilles Redondo.

MEDITACION I

Mucho he meditado sobre lo que se debe decir y hacer en este momento tan decisivo y sumamente grave para Venezuela. Un sabio amigo me envió una carta pública que ameritó de una reflexión más serena sobre mi país porque no podemos seguir enarbolando opiniones y acciones en solitario; la historia nos reclama actuar, sin titubeos. De esta carta, convertida en khatedra por el peso de la opinión ahí expresada por el doctor Alfredo Coronil Hartmann, he tomado algunas frases oportunas para expresar algunas ideas sobre adónde debemos ir ahora que ha regresado de su viaje de turismo internacional el insolente usurpador Nicolás Maduro.

En las medulosas parrafadas de la misiva, Coronil Hartmann me advierte: «hace ya tiempo perdimos la democracia, el estado de Derecho, y ahora estamos perdiendo la República misma, su territorio, sus riquezas, su soberanía, en resumidas cuentas su Alma, su voluntad de existencia, de permanencia, de vocación de futuro…». En efecto, hoy tenemos a una Venezuela de espaldas al mundo, asfixiada por una inflación que parece no conocer límite, con el erario público saqueado por una neo-casta de revolucionarios fanfarrones y ricachones, con un Estado forajido y fallido, presidido por unos rábulas, con mucho más de doscientas mil víctimas de la violencia en quince años( más de veinte mil en 2014) y con la práctica sistemática de violación a los Derechos Humanos de toda la población, amparada en un andamiaje legal pero, a todas luces, totalitario. A ese cuadro patético le surge la voz del poeta Gil de Biedma: «nuestra historia no es más triste que las otras y no tiene por qué terminar mal».El “no terminar mal” depende sine qua non de la defenestración del mal absoluto que significa Nicolás Maduro y demás esbirros, esto debemos tenerlo muy claro.

Alfredo Coronil, intérprete tan veraz y autorizado de nuestra realidad, confiesa que «hay momentos en los cuales me pregunto si la actitud colaboracionista que exhiben, es cómo piensa la mayoría fruto de ambiciones pecuniarias y falta de coraje o si obedece a otro tipo de miedo, el miedo a no saber qué hacer con un país que se deshace, abiertas las costuras y las iras. La MUD plausible iniciativa de crear un aparato electoral de oposición, devino en un hibrido, sin posibilidad de futuro al pretender constituirse en un supra-partido político, para todos los gustos. A mi juicio, su momento y circunstancia histórica periclitaron».

Henrique Capriles ha decidido convocar a su salida, alegando una “tormenta perfecta” que justifica tomar las calles, curiosamente ahora (para él) y no el año pasado cuando pudimos evitar daños tan graves como los que padecemos hoy. Pero la desilusión política hacia la MUD es un fenómeno palpable, reconocerlo no es un agravio a esa unidad que aspiramos para salir de este laberinto parricida sino un llamado a la acción sin vacilaciones, insisto. No sabemos a qué o a quiénes atenernos, es cierto, por eso estamos estancados en la crisis. Muchos advertimos eventos que no deben ocurrir pero que, con las pasiones encendidas, parece van a estallar sin que nadie pueda hacer nada. No olvidemos que el aleteo de una mariposa puede desatar un vendaval. Jugamos con fuego y el régimen lo sabe.

Con mucho esfuerzo y más sentido común la MUD debe ir a la vanguardia de lo que el pueblo quiere: calle. Es inaceptable hipotecar el futuro de nuestra patria, reduciendo las esperanzas nacionales a un proceso electoral, de antemano fraudulento o a un injustificable llamado a diálogo. Con esto no pretendo oxigenar a la MUD, es sólo reconocer que esta coalición es lo único que tenemos, vamos unidos o vamos unidos, a estas alturas no hay opción, el problema es Venezuela, no los dirigentes.

No podemos ceder frente al pesimismo ni a la actitud colaboracionista de algunos dirigentes opositores. Tenemos que descubrir el “yo puedo” y no vacilar más sobre lo que debemos hacer respecto al destino de la nación. El régimen de Maduro sabe que se están despertando los demonios eternos de nuestra historia, cuyo único conjuro es la intervención militar y, más aun, sabe que la “revolución” toda está contra las cuerdas, en una relación 80-20. En la democracia “puntofijista”, para evitar el erróneo término de IV República, nos fue bien, mal y regular. Pero estemos claros, vivíamos en libertad. Yo nací en libertad. Hoy sólo nos va mal y muy mal. Ya no tenemos libertad.

Siempre será fácil predicar el apocalipsis venezolano y anunciar el colapso del sistema comunista implantado en 1999 por Hugo Chávez, incertus quando. Pero más fácil puede sernos actuar ahora, justo ahora porque, como dice Collingwood: la historia no termina en el futuro, sino en el presente.

Concluyo con José María Vargas, tomando una frase del Discurso de las Reformas: «nada tenemos que temer de un pequeño número de hijos desnaturalizados de Venezuela, que en el delirio de sus pasiones intentaron trastornarla, llevando el puñal al seno mismo de la patria».

Robert Gilles Redondo

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Acerca de Sammy Landaeta Millán

Coronel de la Fuerza Aerea Venezolana, en Situación de Retiro, según resolución N°7446 de fecha 27 de julio de 2000 (Propia solicitud). Licenciado en Ciencias y Artes Militares (Opción Aeronáutica). Especialista en Administración de los Recursos de la Aviación. Maestria en el Empleo del Poder Aéreo. Diplomado Estado Mayor Conjunto N°14. Diplomado Curso Especial de Seguridad y Defensa para Ejecutivos. Piloto Aviador Militar. Piloto de Helicópteros Militares. Piloto de Helicóptero Comercial. Especialista en Busqueda y Salvamento. Edita desde la Gran Caracas. VENEZUELA, el blog LA PROTESTA MILITAR http://laprotestamilitar.blogspot.com
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