VENEZUELA: El régimen sumergido en el infierno de sus miedos. Por: Miguel Henrique Otero @miguelhotero

El régimen sumergido en el infierno de sus miedos
Por Miguel Henrique Otero
17 de abril de 2017 12:01 AM

No se había producido, como en este momento, que el régimen fuese afectado, en una misma etapa, por tantos miedos de forma simultánea. Ahora mismo, en el alto gobierno, nadie se escapa. Están todos aterrorizados. Atravesados por los miedos más diversos. Si alguien se pregunta cuál es el estado de ánimo del poder en Venezuela, la respuesta es inequívoca: canguelo generalizado y en aumento.
Le temen a lo que está sucediendo en las calles del país, ahora mismo tomadas por la lucha de los ciudadanos. Le temen al cambio demográfico que se ha producido entre quienes protestan: marchas y concentraciones se han llenado de jóvenes, que han salido a reclamar su derecho a un mejor futuro. Temen a la rabia de las personas, que han decidido revolverse en contra de la escasez y la inflación galopante. Temen a la extendida volatilidad del ambiente en Venezuela: cualquier incidente puede ser la chispa que desate el derrumbe. Temen a lo que vendrá, después que se produzca el cambio. Temen, como lo escribí la semana pasada, a que no se les incluya en la lista de los que podrán huir a Cuba, cuando los aviones despeguen desde La Carlota. Temen, los civiles, que lo generales privilegien a los suyos, una vez que Raúl Castro ha dicho que el número de funcionarios que serán acogidos será muy limitado. Temen a los montos en moneda dura y efectivo que tendrán que pagar para lograr un cupo en los aviones.
Basta verles los rostros con atención: los de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, los de Maikel Moreno y Tibisay Lucena, los de Padrino López y Tarek el Aissami, los de Reverol y Jorge Rodríguez, son los rostros del miedo. Todos los capos del régimen están asustados. Oigan a Tarek William Saab, a Aristóbulo Istúriz y a Elías Jaua: les tiembla la voz cuando hablan. Ante las cámaras de televisión, titubean. Se quedan colgados. Les preguntan una cosa y no atinan a dar una respuesta convincente.
Pero el miedo más intenso y recurrente es, paradójicamente, el menos visible: se temen a ellos mismos. Ninguna emoción es más potente que el recelo y las sospechas que sienten entre unos y otros. Las mutuas prevenciones entre Maduro y Cabello se han multiplicado en el seno del alto gobierno, de forma exponencial. Todos recelan de todos. Se descalifican. Se señalan los unos a los otros de tener la mayor alícuota de responsabilidad en el descalabro. El alto gobierno es como una pequeña pecera infernal, donde todos sospechan de todos, y donde todos respiran y tragan la misma hipocresía. Las expresiones de solidaridad no son sino simulación. Los intercambios son de odio. Ocurre lo mismo que en las bandas de delincuentes: apenas alguien se distancia, la maledicencia toma el control.
Este estado de creciente desconfianza deriva en dos prácticas: se vigilan y espían entre ellos. No hay alto funcionario del gobierno que no haya sido grabado. Lo asombroso de esas grabaciones es lo que unos dicen de otros. Predominan dos temas: corrupción y traición. Mientras mayor es la proximidad al entorno presidencial, las acusaciones son más graves. Los montos más estrambóticos. Las prácticas, más descaradas. Entre civiles y militares se estaría librando una lucha encarnizada por los últimos contratos. Los civiles rojos acusan a los uniformados rojos de no querer compartir nada.
El otro factor, a la vez fuente de miedo y de señalamiento, es la traición. La traición puede adquirir varias formas: que Maduro tire la toalla, que Padrino López se alce con todo, que Diosdado incite al caos a través de los colectivos, que haya diputados del PSUV que dejen de serlo y se vuelvan independientes, que haya magistrados que se rajen a última hora. La versión del saludo militar que, a modo de chiste, hacen los oficiales de Casa Militar, es significativa: “Chávez vive, la traición sigue”.En las últimas semanas los miedos se han intensificado. La idea inicial de que con Trump la presión podría aliviarse, ha cambiado: ahora el terror se consolida. El miedo lo ocupa todo. El recelo ha invadido el trato que se dispensan entre los altos jerarcas. Hay funcionarios aterrorizados por el peligro que representa ser parte de un narcogobierno, que han enviado mensajes a instancias internacionales con el objetivo de dejar en claro que no todos los ministros están involucrados. Son decenas los funcionarios que ahora mismo quisieran saltar de la pecera, agobiados por el ambiente interno y por el estado del país. Mientras llega el final, la vigilancia mutua se desborda, las horas de grabación se multiplican, el insomnio se convierte en la enfermedad del régimen.
@miguelhoteroFUENTE: EL NACIONAL

REMISIÓN: Humberto Marcano Rodriguez

Publicado en GOBIERNO | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

LA HISTORIA CÍCLICA: El último discurso de Nicolás Ceaucescu. EL PAIS.

Reconstrucción de fusilamiento de Ceaucescu y su esposa Elena

ISRAEL VIANA isra_viana Madrid0 5/11/2014 00:00h – Actualizado: 12/11/2014 21:50h. Guardado en: Actualidad

El último discurso de Ceaucescu

Cuatro días antes de ser ejecutado, el dictador rumano se dirigía al pueblo prometiéndole el aumento del salario mínimo y las pensiones. 

Entre esta frase, «esta mañana hemos decidido que, durante el próximo año, aumentaremos el salario mínimo», y la imagen de Nicolae Ceaucescu y su esposa Elena acribillados en el paredón solo hay cuatro días de diferencia. Los que transcurrieron entre el 21 y el 25 de diciembre de 1989, momento en el que Rumanía cerró una larga etapa en la que su población había sido oprimida, explotada, masacrada y matada de hambre «por la dictadura más feroz que ha conocido Europa desde, probablemente, la de Stalin», señalaba ABC.

El muro de Berlín había caído menos de dos meses antes, pero Europa se transformaba demasiado rápido como para que Ceaucescu pudiera asumir la realidad del desmoronamiento de su propio régimen y el del bloque socialista. El dictador rumano caminaba hacia su muerte sin comprender que el mundo se transformaba. Aquel último discurso era la fiel representación de la pérdida del poder, con los silbidos extendiéndose entre la multitud congregada en la plaza central de Bucarest, mientras prometía una ridícula subida del salario mínimo, subsidios para más de cuatro millones de niños o el aumento de las pensiones. Ya era demasiado tarde.

Ceauscescu llevaba 22 años viviendo un sueño del que ahora despertaba abruptamente. Se había ganado la confianza del pueblo rumano cuando, en 1968, se opuso a la entrada de las tropas soviéticas en Checoslovaquia y amenazó con el uso de la fuerza si la URSS se atrevía a invadir el país. Muchos líderes mundiales ensalzaron entonces su figura y le recibieron con honores de Estado. Pero la realidad no era tan bonita, pues gobernó como un dictador implacable, manteniendo un estado policial de corte estalinista, alimentando la corrupción y el nepotismo, monopolizando los cargos más importantes en torno a su familia y viviendo en la más absoluta opulencia mientras el pueblo se moría literalmente de hambre.

El polvorín de Timisoara

Como en otros países vecinos, a finales de 1989 una buena parte de la sociedad rumana estaba hastiada del gobierno del «conducator», como se había hecho llamar en los años 80 para rendir culto a su persona. Su política económica, así como el plan de austeridad draconiano con el que se quiso liquidar la deuda nacional lo antes posible, habían incrementado la pobreza de Rumanía hasta límites insospechados, mientras la familia Ceaucescu acumulaba una de las fortunas más grandes de Europa.

El 16 de diciembre había estallado la primera protesta en Timisoara, que continuó al día siguiente con la ocupación por parte de los manifestantes la sede del Comité del Distrito del Partido Comunista Rumano (PCR) y la destrucción de documentos oficiales, propaganda política, textos escritos por Ceaucescu y otros símbolos del régimen socialista. El mandatario ordenó disparar contra la población civil, pero, lejos de aplacar la ira del pueblo, convirtió a la ciudad rumana en un polvorín: muertes, peleas, automóviles incendiados, tanques enfrentándose a civiles y voluntarios organizados en retenes para cazar a francotiradores.

La revuelta se extendió rápidamente a otras zonas del país y llegó a la capital, causando miles de muertos en lo que fue uno de los sucesos más graves de Europa tras la Segunda Guerra Mundial. El Frente de Salvación Nacional, como se llamó al Gobierno que sustituyó a Ceaucescu, informó después que los combates registrados desde el inicio de la revuelta popular se habían cobrado entre 60.000 y 80.000 víctimas.

Abucheos contra el «conducator»

El objetivo del discurso del 21 de diciembre de 1989 no era otro que celebrar una multitudinaria manifestación de adhesión al régimen, con la televisión retransmitiendo en directo, y condenar los sucesos de Timisoara. «Parece cada vez más claro que hay una acción conjunta de círculos que quieren destruir la integridad de Rumania y detener la construcción del socialismo, para poner de nuevo a nuestro pueblo bajo la dominación extranjera. Tenemos que defender con todas nuestras fuerzas la integridad e independencia del país», declaró el dictador ante los tímidos aplausos de la primera línea de asistentes. Estos habían sido traídos desde las fábricas, a punta de pistola, para escuchar proclamas como «mejor morir en la batalla, lleno de gloria, que ser una vez más esclavos en nuestra propia tierra» o «debemos lucha, para vivir libres».

Pero Ceaucescu había malinterpretado el espíritu de los restantes manifestantes, que se habían congregado en la plaza central de Bucarest para abuchearle. La imagen del dictador y su esposa Elena tratando de calmar a los asistentes, y pidiéndoles que permanecieran en sus asientos para poder continuar con su discurso, resultaba ciertamente caricaturesca, sobre todo después del anuncio de los irrisorios incrementos del salario mínimo y las pensiones.

La reacción de su «amado» pueblo fue tal que su guardia personal le recomendó que se ocultara en el interior del edificio, al tiempo que la señal de televisión era sustituida por anuncios ensalzando las bondades del socialismo. Pero la mayor parte de la población ya se había percatado de que algo extraño estaba sucediendo en Bucarest y no dudó en lanzarse a las calles de las principales ciudades para gritar «¡muerte al dictador!» y «¡abajo el gobierno!».

«Usted está solo. ¡Buena suerte!»

Ceaucescu aun tuvo tiempo de cometer un último error, quizá el más fatídico de todos: no huir de inmediato. Tenía la convicción de que la represión de las revueltas que había ordenado terminaría por apaciguar los ánimos. Y cuando se convenció de que aquello no era posible, ordenó a su piloto personal que consiguiera dos helicópteros con personal de seguridad para escapar.

Demasiado tarde. Cuando éste dio las órdenes, Ceaucescu alcanzó a escuchar la respuesta del oficial en el auricular, que sonó casi como una sentencia de muerte: «Señor Presidente, hay una revolución aquí afuera. Usted está solo. ¡Buena suerte!». Tuvo que echar entonces mano de un vehículo y huir hasta refugiarse con su esposa en un instituto a las afueras de la capital. En las calles, el Ejército había dejado de obedecerle.

Nicolae y Elena fueron detenidos pocas horas después, mientras los principales responsables del aparato de Gobierno y sus militares eran ejecutados. Ellos no iban a correr mejor suerte. El día de Navidad fueron juzgados y condenados a muerte, sin que el dictador pareciera darse cuenta de que su hora había llegado. «Sólo contestaré al Parlamento del pueblo y vosotros tendréis que responder», gritaba encolerizado, mientras daba órdenes al tribunal, insultaba al juez («usted no sabe leer ni escribir») y replicaba a su mujer: «¿Cómo permites que te hablen de ese modo?». «Usted siempre ha declamado actuar y hablar en nombre del pueblo, ser amado por el pueblo, pero solo ha hecho al pueblo esclavo de una tiranía durante todo este tiempo», le replicó el fiscal.

El matrimonio más poderoso de Rumania era atado de manos y conducido directamente al paredón. Cuentan que fueron muchos los voluntarios que se presentaron para apretar el gatillo y, cuando ocurrió, las manifestaciones continuaron en Bucarest pidiendo que fueran mostradas por televisión las cadáveres. Hasta que no lo vieran, no podrían creérselo. Aquellas imágenes, que dieron rápidamente la vuelta al mundo, ocupan un lugar destacado en la historia del siglo XX.

REMISIÓN: EL FIN DE LA DICTADURA DE NICOLÁS… Pedro Salazar Monsalve.

COMENTARIO : Nunca imaginaron los opositores al régimen que la férrea dictadura de Rumanía, que controlaba todos los poderes del estado, el ejército, la policia secreta, los aparatos de represión y propaganda, y que acababa de demostrar sus músculos con aquella multitudinaria e impresionante concentración de apoyo, estaba realmente llegando a su fin.
Entre la frase, «Esta mañana he decidido que aumentaremos el salario mínimo» en su discurso del 21 de diciembre y la imagen de Nicolás Ceaucescu y su mujer acribillados en el paredón, solo hay cuatro días de diferencia. Los que transcurrieron entre el 21 y el 25 de diciembre de 1989, momento en el que Rumanía cerró una larga etapa en la que su población había sido oprimida, explotada, masacrada y matada de hambre «por una de las dictaduras más feroces que ha conocido Europa.

“Ninguna dictadura dura para siempre, pero casi siempre tiene desenlaces trágicos”

NOTA: Relato histórico tomado del ABC de España:  “El último discurso de Ceaucescu “.   L.A.

FUENTE ORIGINAL: El País.España

Publicado en GOBIERNO | Etiquetado , , , , , | 1 Comentario

LAS REVOLUCIONES TERRIBLES. Por: Robert Gilles Redondo @robertgillesr

​LAS REVOLUCIONES TERRIBLES

​Por: Robert Gilles Redondo

Tomo prestado el título del libro “Las revoluciones terribles” del ilustre abogado venezolano Ángel Bernardo Viso para conceptualizar de alguna manera el proceso de rebelión que viene hilvanándose en el país tras el golpe de estado perpetrado por el tribunal supremo de Justicia y que dejó sin efecto formalmente las funciones constitucionales de la Asamblea Nacional, único poder con legitimidad de origen en este aciago momento.

Sin embargo, habremos de recordar que el empeño de anular a la Asamblea Nacional ha sido sistemático, progresivo y disfrazado de la legalidad que el fallido tribunal supremo le otorga al decidir, por Maduro, las más de cincuenta sentencias que desde enero de 2016 han dejado sin efecto todas, absolutamente todas, las decisiones autónomas del parlamento que fue electo por más de catorce millones de venezolanos en diciembre de 2015. Aquella elección significó el mayor revés electoral de la revolución y develó lo que era imposible detener: la inviabilidad del proyecto totalitario del chavismo, el estrepitoso fracaso de Nicolás Maduro, por incompetencia mental, y la dolorosa implosión del país en la peor crisis de su historia.

Así, la tragedia en la que hoy nos hallamos inmersos no puede ni debe conducirnos sino a la fractura total y definitiva del sistema que desde 1811 tratamos de instaurar. Sistema que ha permitido el avance cíclico de la historia, hecho ineludible, pero el permanente retroceso a la par del avance. Una y otra vez, sin descanso hemos avanzado para al menos intentar superar las taras que impiden nuestro desarrollo. Y una y otra vez hemos retrocedido, ya sea por la infame creencia del mesianismo instaurado desde la revolución de la Independencia, ora por la necedad de delegar en los políticos el derecho exclusivo de hacer política.

Nuestra carrera por alcanzar la democracia se ha convertido en un democraticidio y prueba de ello es el suicidio histórico que significó la llegada de Hugo Chávez desde las bases institucionales, militares, económicas y sociales de la era democrática que, a modo de ensayo, se trató de concretar con el derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez y la aprobación de la Constitución de 1961. Dieciocho años después no aprendimos la lección y creemos que puede haber enmienda de parte de aquella indeseable gente que desmanteló en su totalidad al Estado venezolano.

Por eso ante la imposibilidad de una enmienda y ante la necesidad de enmendar nuestro destino, no al chavismo, la rebelión que conduzca a la fractura total del sistema es lo único que debemos realizar. Para ello todos, absolutamente todos, somos necesarios. El país cambia de rumbo con todos y por todos, con sus vitales excepciones, o simplemente estaremos condenados a ser un proyecto irrealizable de sociedad.

Habiendo todos los ingredientes necesarios para que ¡al fin! el progreso deje de ser profecía mesiánica, Venezuela debe recurrir a su identidad, la misma identidad que unificó a los patriotas frente al temible Boves. La identidad oculta que resistió siglo y medio de caudillos y dictadores. La identidad que cada día nos hace creer que este país es realmente la Tierra de Gracia. Un paso firme hacia el reencuentro con nuestra identidad es la obstinación y firmeza física-moral de quienes han decidido salir a las calles en las últimas horas, no en rechazo a una inhabilitación política o por el llamado a elecciones, sino porque entienden que ha llegado la hora de golpearle la mesa a estos delincuentes que secuestraron a la nación. Porque sí, ha llegado el momento del YA BASTA.

Publicado en Socialismo del Siglo XXI | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

EL CLARÍN DE LA PATRIA Por: Robert Gilles Redondo

EL CLARÍN DE LA PATRIA

Por: Robert Gilles Redondo

No caben dudas que el momento que vive Venezuela es transcendental. Es definitorio del porvenir, es decisivo del presente y evoca al pasado por esas tantas luchas que libramos en la sangre de nuestros antepasados. Es un tiempo de tristezas, de amargas decepciones, de desamores, de hambre, de miseria, de oscuridad. Es un tiempo de dolores sin par.

Nuestro país se ha venido abajo. Ha colapsado. El abismo nos desbordó. La dictadura está decidida a todo, incluso al sacrificio final. Pero no el sacrificio de quienes merecidamente están acusados por la historia, sino el sacrificio de los inocentes, de aquellos anónimos que ahora en cuestión de segundos asumen nombre en las redes sociales. Y no asumen cualquier nombre. Asumen el nombre sobre todo nombre: VENEZUELA. Porque Venezuela somos todos, no es anónima. No es lo que se escribe en minúsculas, ni lo que se traduce en el amplio concepto del chavismo: el mal.

Venezuela es una tierra de montañas azules y verdes, coronada por el Mar Caribe. Venezuela son los andes de nieves eternas entronizadas en el Pico Bolívar. Venezuela es todo. Es la patria desangrada por la alfombra multicolor de Cruz Diez que despide los hijos que despavoridos huyen de la tragedia con la profecía ya escrita de su inexorable retorno. Venezuela es aquella que desde 1811 decidió ser libre y su libertad alcanzó hasta la altura gloriosa de Ayacucho. Es la tierra bendita del petróleo, ese extraño combustible que no entendimos ni nos entiende. Es la tierra que desde los Esteros del Camaguán hasta el Cajón del Arauca nos muestra la más fértil llanura. Venezuela es el sostén de ese cáliz bendito que nos acerca al cielo en la Gran Sabana. Nosotros, los venezolanos, contenemos en nuestra identidad la fuerza de las aguas del Padre Río, el Orinoco, la serenidad del Caroní, la sutil fragilidad de los Médanos, la bravura del mar con sus aguas azules y turquesas.

Nosotros los venezolanos somos muchos Miranda, muchos Bolívar, muchos aguerridos Páez. Somos esos Florentino que, nada menos, cantó con el diablo. Es decir, somos valientes, somos nobles, somos únicos, somos todo lo que VENEZUELA puede contener en sus nueve letras.

Venezuela se canta como “el bravo pueblo que el yugo lanzó” durante veinte años en su guerra de independencia, en sus doscientos años de vida republicana, en la jornada memorable del 23 de enero de 1958 que consagró para siempre a esa valiente generación del 28 a la que tanto debemos.

Venezuela no es la tierra a la que la sinrazón y el odio podrán doblegar. Eso lo dicen sus calles, la frente en alto de quienes no nos resignamos a perder para siempre lo que es nuestro, lo que es nuestra vida, lo que es nuestro todo.

Venezuela es la patria que no perecerá. Es la nación que ha asumido el reto de defenderse con piedras ante las armas, con paz ante el odio, con fe ante la oscurana, con el silencio de la verdad ante los gritos de la mentira, con la estoicidad ante el ultraje, con la historia frente a la opresión. Y con esa patria que no perecerá, que somos todos, que será libre, no podrán never more, never, como alguna vez sentenció Shakespeare, a modo de promesa, a modo de certeza.

Sin tener opción de rendirnos debemos tener fe ciega en lo que todos unidos podemos hacer a la hora de librar la batalla definitiva de nuestro destino porque el mal es una mínima expresión frente al bien más grande que significa el corazón de cada venezolano que ha decidido ser libre. No estamos en guerra, apenas libramos una de esas tantas batallas que antes hemos ganado y por las cuales nunca nos podemos rendir. El clarín de la patria llama, adelante.

Publicado en Sin categoría | 1 Comentario

HEDOR. Un hedor a muerte baja desde el Cuartel de la Montaña, @AnonimusCR

​​​HEDOR

Un hedor a muerte baja desde el Cuartel de la Montaña,

allí de donde yace la

memoria del precursor de esta pudrición…

Un hedor que se esparce y se siente en toda Venezuela …

desde las cavas sin electricidad de la morgue de Bello Monte, hasta las salas de

parto de los hospitales, desde la salida de una fiesta en Las Mercedes hasta la

habitación donde duermen los señores plácidamente…, todo, todo hiede a ella, no hay lugar ni situación que escape, aquí todo apesta a muerte.

Ya no basta caminar con un pañuelo en la boca, la náusea nos persigue… Los sentidos de la vista, del oído y del tacto siguen allí …podemos ver, escuchar y sentir allá a unos niños comiendo basura, y otros armados con cuchillos amenazantes, dispuestos a….., vemos neonatos sin vida , abandonados …., oímos, escuchamos, quejidos, quejas, lloriqueos, “no tengo”, “no puedo”, “dame algo” , “tengo hambre, no he comido nada hoy”, “se me muere el viejo no consigo el antibiótico”, “esta mañana mataron al hijo de María, salió a trotar a las 5.30 de la mañana”, “se metieron anoche en el estacionamiento del edifico, se llevaron baterías y cauchos de los carros”…..

Maduro habla, baila salsa, dice que todo es mentira, que el país es el mejor del

mundo, que los empresarios tienen suerte de tenerlo a él. También los empresarios bailan salsa con Maduro, le agarran sus dólares, es lo único que les importa, y

bailan… “Gracias Santa Teresa” dice uno.

Siento que me tocan un brazo, es una señora que pide, con un niño dormido al

hombro, por cierto, siempre estos niños están dormidos?, todas andan con un niño dormido, como hacen para que siempre estén dormidos? Me pregunto.

Un perro me mira, es puro hueso, su mirada es dolorosa como el grito de Edward Munch y recuerdo a mi perro, querido y alimentado.

Me tapo los oídos, pero sigo viendo y ahora huelo de nuevo, y ahí está de nuevo el hedor, Venezuela hiede a muerte y al leer la noticia en el periódico de un quiosco, “TSJ sentencia eliminación de la inmunidad parlamentaria a los diputados de posición”, veo que el hedor me entra por los ojos, muertas las instituciones, muerta la

democracia, muerta la ética y los valores, muerta la reacción del pueblo…..

La pudrición se nos mete en el alma….. Conjurar los zamuros que se acercan por bandadas en el cielo, que oscurecen con su presencia, que también mueren y caen

sobre el asfalto, las aceras … Conjurar tanta muerte, solo con La Vida, anteponer el Eros al Thanatos, la Vida a la Muerte ….. Es necesario liberar a Venezuela de sus verdugos, rescatarla de la muerte y devolverla a la Vida…. No nos queda de otra…..

Ciudadano Anónimo

HEDOR.docx

Publicado en Venezuela | Etiquetado , , , , , , , , , | Deja un comentario

LA OTRA CUBA Por: Robert Gilles Redondo


LA OTRA CUBA

Por: Robert Gilles Redondo

Se esgrime como alegato contra el Informe Almagro que la aplicación de la Carta Democrática contra el régimen de Maduro –no contra Venezuela- reeditaría la experiencia cubana y como consecuencia directa sería anulada la oposición partidista y la disidencia en general. Este alegato, carente de lógica, apenas confirma la mediocridad política e intelectual con la que se está asistiendo a la tragedia de nuestro país. Quienes están pregonando esto son los mismos que a los cuatros vientos nos venden la idea que en Venezuela será posible una transición a la española, a la chilena o la polaca, sosteniendo la teoría electoral que sólo pretenden descuartizar aún más a Venezuela en trozos de poder que a la postre mantendrían al dictador en el envejecido y repugnante trono que ostenta en el caserón de Miraflores.

La verdad es que la salida electoral parece inviable. No porque en Venezuela no haya vocación democrática (¿alguna vez la hemos tenido?) o porque indefectiblemente estamos convencidos que la salida es una: la del golpe de estado. El problema electoral es muy simple: no tenemos condiciones, no tenemos árbitros y no tenemos liderazgos serios. Tampoco puede considerarse una salida electoral entendiendo que el chavismo difícilmente volverá a medirse en las urnas de votación sin previa negociación. ¿Quiénes negociarán? ¿Qué se negociará? ¿La impunidad de todos los atroces crímenes que nos condujeron al más oscuro y humillante abismo de nuestra historia republicana? O se negociará lo que antes dije ¿el descuartizamiento en parcelas de poder para que ceda la enorme presión histórica que pesa en nuestros hombros? ¿Se aceptarán elecciones de gobernadores como premio de consolación ante la incapacidad de ocupar y desmantelar definitivamente la República chavista?

Elecciones implican negociaciones. Implican poner en marcha la política del “me doblo para no quebrarme” que la Asamblea Nacional asumió el pasado año 2016 y cuyo resultado todos lo conocemos, algunos con objetividad, otros con fanatismo que convierte en victoria lo que realmente fue el peor de los desastres.

No será la Carta Democrática el mecanismo que convierta a la oposición partidista y a la disidencia en general en un aparato amorfo y desvencijado como el cubano. Esto sucede ya y debe asumirse para entender la gravedad del problema en el que nos hayamos metido. Reconocer que estamos en un callejón sin salida no es el culmen de la desesperanza, por el contrario, es la única manera que tenemos de replantearnos objetivos y estrategias que más allá de los dimes y diretes del foro de debate que es la Asamblea Nacional, nos conduzcan con urgencia a la conformación de un cuerpo unitario, honesto y decidido que rescate al país de este abismo histórico en el que nos hayamos.

Ver la Carta Democrática como la compuerta que nos lanzará a la experiencia cubana es deprimente. Ya el modelo implantado por el chavismo ha superado con creces al de sus mentores de La Habana. Lo que vive Venezuela es tan inédito que proyectar salidas ejemplares como la de España, la de Chile y otras tantas es más que iluso, es casi complicidad y negligencia moral. Aquellas fueron transiciones definitivas y definitorias. La nuestra debe asumir un modelo único porque el daño es absoluto.

Tener seriedad en los objetivos nos daría resultados efectivos. No podemos sino hacernos los sordos para no escuchar los cantos de sirena que empezarán a decirnos que las elecciones regionales y municipales nos resolverán. Aun cuando se realizaran sería como un método de escape del chavismo que se sabe en crisis terminal, pero no como el inicio de un camino de transición. Ellos como delincuentes no harán sino recurrir a mil maniobras para continuar desmantelando lo poco que queda.

La canallada de abandonar a Almagro en este camino, después de tanto reclamar la indiferencia de la comunidad internacional es inaceptable. Quienes lo hacen pertenecen a ese grupo de personas que se arrogan, como el injerencista Bergoglio, el dogma de la infalibilidad política, de la unidad política y del liderazgo histórico, excluyendo las voces que siguen clamando en este desierto de hambre, muerte y miseria por una Venezuela libre. Este divorcio entre la oposición partidista y el país no nos deja nada bueno. El delirium tremens de las validaciones de los partidos intenta oxigenar lo que en 2016 pudiéndose no se consiguió y eso es muy grave, porque nos estamos engañando creyendo que se está dando la presión suficiente para acorralar al narco dictador. Y eso no es verdad. La total desmovilización de la oposición es evidente.

Los valientes están llamados a ocupar el vacío que genera la orfandad de este tiempo. Los valientes, con V de Venezuela, tenemos que organizarnos como nación para producir la fractura final y entonces, sólo entonces, asumir esta historia como un momento que decide y define el futuro no de una generación sino de la República.

Unidad y coraje para rebelarnos. Unidad y coraje para crear un gran frente de resistencia donde sin ambages construyamos una alternativa para no ser la otra Cuba. Porque ¡ya basta! ¡Ya basta de tanta destrucción y humillación!

Publicado en CUBA | Etiquetado , , , , , | 1 Comentario

ELEGÍA DE LA CARTA DEMOCRÁTICA, Por: Robert Gilles Redondo

Reunión del Consejo de la OEA, Bogotá, mayo de 1948. Foto: Inédita, propiedad del expresidente Rómulo Betancourt. Archivo de la OEA.

ELEGÍA DE LA CARTA DEMOCRÁTICA

Por: Robert Gilles Redondo

El Secretario General de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, ha sido un consecuente apoyo a la causa libertaria de la Venezuela secuestrada por el narco chavismo. Él viene a enmendar las bochornosas acciones de sus predecesores Gaviria e Insulza, que fueron en su momento los más devotos y fervientes colaboradores del régimen del fallecido expresidente Hugo Chávez, supremo origen de todos nuestros males.

En el reciente Informe de Almagro, complementario del presentado en 2016, una vez más se recurre a la Carta Democrática Interamericana, mecanismo que contempla la suspensión de un país miembro una vez constatada la ruptura del orden democrático. Este mecanismo fue aprobado en 2001 y Venezuela, miembro fundador de la OEA (Bogotá, 1948), es parte signataria. El artículo 22 de la precitada Carta contempla que para hacer efectiva la expulsión se requieren dos tercios de los Estados Miembros.

La ruptura del orden democrático en Venezuela no se remonta al 2016 o a este 2017. Seguir desentendidos de esta realidad es parte del amargo problema que tenemos por delante y del cual vemos pocas o ninguna salida.

Desde que Hugo Chávez llegó al poder en 1998, por medio de elecciones libres, secretas y universales, el orden democrático instaurado a partir del 23 de enero de 1958, sufrió el colapso definitivo. Colapso avizorado por la perversión impúdica de las instituciones consagradas en la Constitución de 1961. Nuestra democracia no era perfecta, como no lo es ninguna. Pero no hubo capacidad de enfrentar sus falencias durante cuarenta años y el drama se acumuló al punto de tener una sociedad cuando menos afecta –para no decir cómplice- de un innecesario estallido como el Caracazo y de unas perversas conspiraciones militares que dieron a luz el fatídico año de 1992. Todos se cruzaron se brazos. Y el discurso mesiánico-populista de un destructor caló tan hondo que fue fácil el desmantelamiento del Estado hasta hacerlo forajido y fallido, gangrenándolo con los más indescriptibles delitos como el narcotráfico. Actividad que hoy en día es una acción casi exclusiva del Estado.

Hugo Chávez violentó la Constitución que él mismo se había hecho a la medida. Hugo Chávez secuestró al Estado y consiguió hacerlo tan fuerte y afín a su proyecto que ha logrado sobrevivir al desequilibrio e incapacidad mental de un individuo como Nicolás Maduro que se ha propuesto destruir, con saña y alevosía, las pocas ruinas que quedan en pie de este país.

Desde de esa estructura delictiva que es el Estado chavista, se logró desmantelar en buena parte el sistema democrático de Latinoamérica. Fue así como con el beneplácito de Insulza, Cuba pudo volver al sistema interamericano, pese a la crueldad de su régimen dictatorial. Fue así como en algún momento Venezuela consiguió colarse en el Mercosur. Fue así como se pretendió sepultar a la OEA con la puesta en escena de dos organismos absurdos: la CELAC y la UNASUR. De esta última, su primer Secretario General fue el guerrillero Alí Rodríguez Araque y luego apareció el narco presidente Ernesto Samper. Fue así como por complacer a La Habana en sus ventajosas relaciones con el CARICOM como durante el régimen de Hugo Chávez se cedió, por citar lo mínimo, el territorio Esequibo a Guyana; descontado el caro desangramiento de nuestro petróleo a todo ese Caribe preñado de autócratas y malandrines en funciones de Estado.

De alguna manera la OEA ha venido a sobrevivir gracias al reimpulso de Almagro y en Venezuela no podemos sino estar agradecidos porque al menos una vez se mantiene firme en medio de esta tormenta de fuego que tanto dolor le causa a nuestro país. Pero, Carta Democrática vemos, votos no sabemos. El silencio de la región es estrepitoso. Pese a la recuperación progresiva de la democracia en los países latinoamericanos, el silencio sigue siendo una estrategia alterna a la agresiva denuncia del narco chavismo que a muchos los lleva al poder. Muchos están llegando a los Palacios de Gobierno señalando a Venezuela, siendo solidaria con su oposición y condenado al sistema que nos tiene comiendo de la basura, sin medicinas y con la violencia sin control alguno.

Es así como los venezolanos sí apoyamos la iniciativa de Luis Almagro y suscribimos todo lo que sea necesario. Pero, el bendito pero histórico. Tenemos que estar conscientes que la salida electoral es cuando menos una utopía. Que 2017 no es el mismo escenario que la barrida electoral de 2015. Cualquier proceso electoral en el corto o mediano plazo significaría la demolición popular del régimen chavista, al punto incluso de su posible muerte final. Y esta indeseable gente ha estado muy clara en su objetivo: entretenernos todo lo posible. Así sucedió en el Revocatorio, sucede ahora con la validación de los partidos y sucederá con el segundo semestre del año.

Estamos frente a una dictadura no convencional. Lejos quedaron los caudillos militares o los temerarios dictadores que asolaron a América en el siglo XX. El chavismo es un régimen de delincuentes y como tal actúan. Consecuentes a sus convicciones se defenderán sin importar las sanciones morales que se les impongan desde afuera.

La invocación de la Carta Democrática de la OEA necesita el respaldo de una sociedad civil organizada en un frente amplio que involucre a todos los actores, en desobediencia y con absoluta transparencia de acciones. Antes de señalar candidatos presidenciales o primarias para candidatos a gobernadores y alcaldes, necesitamos poner los pies sobre la tierra. Hacer una agenda común para no seguir actuando en función de la agenda del régimen que sólo termina dándole tiempo extra a nuestra tragedia. También la Carta Democrática tiene que ser respaldada con el clamor del pueblo a la Fuerza Armada. Sigo insistiendo que hay que darle el golpe a la mesa, ahora y no después, todos unidos, para decirle ¡ya basta! a la destrucción.

Robert Gilles Redondo

Publicado en Robert Gilles Redondo | Etiquetado , , , | Deja un comentario